Hay platos que destacan por su sencillez bien pensada. Este crujiente de piquillos con huevo de codorniz es un bocado elegante y lleno de contraste: la textura delicada y crujiente de la pasta filo, la suavidad del pimiento del piquillo y la cremosidad del huevo se equilibran con el toque final de las escamas® de Sal Maldon®, que realzan cada matiz sin eclipsarlo. Perfecto como entrante o aperitivo especial.
Elaboración crujiente de piquillos
La elaboración del crujiente de piquillos no es difícil si sigues los siguientes sencillos pasos: empieza por las bases y termina con el toque de Sal Maldon. Todos los detalles, a continuación:
- Prepara las bases crujientes.
Precalienta el horno a 180 °C. Pinta ligeramente las láminas de pasta filo con aceite de oliva y colócalas en los huecos de un molde para muffins, adaptándolas con cuidado para formar pequeñas cestas. Hornea durante 8–10 minutos, hasta que estén doradas y crujientes. Retira y reserva. - Saltea los piquillos.
Corta los pimientos del piquillo en tiras y saltéalos brevemente en una sartén con un hilo de aceite de oliva. Salpimenta ligeramente y retira del fuego cuando estén calientes y melosos. - Cuece los huevos de codorniz.
Cuece los huevos de codorniz en agua hirviendo durante 3 minutos. Enfríalos rápidamente, pélalos con cuidado y córtalos por la mitad. - Monta el crujiente.
Reparte los piquillos salteados en el interior de cada cesta de pasta filo. Coloca medio huevo de codorniz encima. - Toque final.
Añade una pizca de pimienta negra, un poco de ralladura de limón si deseas frescor, y termina con unas escamas® de Sal Maldon®. Hazlo justo antes de servir, para aportar textura y realzar el sabor del conjunto.
Sirve al momento para disfrutar del contraste entre el crujiente de la base y la suavidad del relleno. Un bocado pequeño, pero lleno de carácter.





