Cuando llega el otoño, la calabaza se convierte en la gran protagonista de la cocina, y pocas formas de prepararla resultan tan vistosas como la técnica Hasselback. Nacida en Suecia para las patatas, consiste en hacer cortes finos y paralelos sin llegar a separar la pieza. De modo que al hornearse se abre como un abanico. Los bordes se doran y caramelizan, el interior queda tierno, y cada ranura atrapa el aceite, las especias y las escamas® de sal marina con ajo de Sal Maldon®.
El resultado se sirve sobre una crema fresca de feta y requesón con un toque de miel y limón, y se termina con un aceite de perejil de un verde intenso. Dulzor, acidez, un toque picante y frescura en un solo plato. Una receta sencilla, de pocos ingredientes y con mucha presencia en la mesa, ideal como entrante, como plato principal vegetariano o como acompañamiento en una comida de otoño.
Elaboracióncalabaza Hasselback
Sigue estos sencillos pasos para conseguir una calabaza Hasselback perfecta:
Precalienta el horno. Ponlo a 180 °C con calor arriba y abajo.
Prepara la calabaza. Pélala, córtala por la mitad a lo largo y retira las semillas con una cuchara.
Haz los cortes Hasselback. Coloca cada mitad con la parte plana hacia abajo y haz cortes transversales finos y paralelos a lo largo de toda la superficie. Sin llegar a cortar hasta abajo. Para no pasarte, apoya un par de brochetas o pequeños listones a cada lado de la calabaza: el cuchillo se detendrá en ellos.
Aliña y hornea. Pasa las mitades a una bandeja de horno. Riégalas con aceite de oliva y sazónalas con la guindilla, la Pimienta Negra Maldon y las escamas de sal marina con ajo de Sal Maldon, procurando que el aliño penetre entre los cortes. Hornea a 180 °C durante 1 hora, o hasta que estén tiernas y doradas por los bordes.
Prepara la base de quesos. Mientras se asa la calabaza, tritura el queso feta, el requesón, la miel y el zumo de limón hasta obtener una crema fina y homogénea.
Haz el aceite de perejil. Pica el perejil fresco muy finamente y mézclalo con el aceite de oliva y unas escamas de Sal Maldon.
Monta y sirve. Extiende la crema de quesos en el fondo de una fuente. Coloca encima las mitades de calabaza Hasselback y píntalas generosamente con el aceite de perejil justo antes de servir.
Consejos para una buena calabaza Hasselback
Elige una calabaza de forma alargada y cuello largo, como la violín o la cacahuete. Es más fácil de cortar en láminas regulares.
Usa un cuchillo bien afilado y haz cortes de unos 3–4 mm de separación. Cuanto más finos, más se abrirá el abanico en el horno.
A media cocción, vuelve a pincelar la calabaza con su propio aceite para que los bordes se doren de forma uniforme y no se sequen.
Comprueba el punto pinchando con un cuchillo: debe entrar sin resistencia en la parte más gruesa.
Prepara el aceite de perejil al final, para que conserve su color verde brillante y todo su aroma.
Si la crema de quesos queda muy espesa, añade una cucharada de agua o un poco más de zumo de limón al triturar.
Por qué usar escamas de sal marina con ajo de Sal Maldon
La calabaza tiene un dulzor natural que pide contraste, y aquí es donde las escamas de sal marina con ajo de Sal Maldon marcan la diferencia. Combinan la salinidad limpia de las escamas con el aroma profundo del ajo asado. Y, al fundirse con el aceite durante el horneado se cuelan entre los cortes, sazonando la calabaza capa a capa. El resultado es una calabaza asada llena de sabor, sin necesidad de pelar ni picar un solo diente de ajo.
Para el aceite de perejil, en cambio, las escamas de Sal Maldon originales aportan una salinidad limpia y un ligero crujido que realza la frescura de la hierba sin restarle protagonismo. Dos toques de sal, dos funciones distintas, y un plato redondo.
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de calabaza es mejor para esta receta?
La calabaza violín (también llamada cacahuete o butternut) es la más cómoda por su forma alargada y su carne firme, pero puedes usar cualquier variedad de pulpa densa.
¿Hace falta pelar la calabaza?
Para la técnica Hasselback es recomendable, ya que la piel dificulta los cortes y no se ablanda igual. Si usas una variedad de piel fina, como la delica, puedes dejarla.
¿Puedo preparar la crema de quesos con antelación?
Sí. Se conserva bien en la nevera hasta 2 días en un recipiente hermético. Sácala unos minutos antes de servir para que recupere su textura cremosa.
¿Puedo sustituir algún queso?
El requesón se puede cambiar por ricotta, y el feta por un queso de cabra fresco. El sabor será algo más suave, pero igual de cremoso.
Sugerencias de presentación
Sirve la calabaza en una fuente amplia y clara que deje ver el contraste entre el naranja intenso, el blanco de la crema y el verde del aceite de perejil. Añade unas hojas de perejil fresco, unas semillas de calabaza tostadas o unas nueces troceadas para aportar crujiente, y termina con unas escamas de Sal Maldon justo antes de llevar a la mesa.
Conservación
La calabaza Hasselback está en su mejor momento recién horneada. Si te sobra, guárdala en un recipiente hermético en la nevera hasta 2 días, separada de la crema de quesos, y caliéntala unos minutos en el horno antes de servir. El aceite de perejil es mejor prepararlo en el momento.
Pocas cosas son tan nuestras como un buen aperitivo de conservas. Esta tosta toma dos clásicos de la barra española, los mejillones en escabeche y el chorizo ibérico, y los une con un truco de lo más ingenioso: una mahonesa de ajo emulsionada con el propio aceite del chorizo y el escabeche de los mejillones. Nada se desperdicia, y todo suma sabor.
El resultado es una mahonesa de color anaranjado, ligeramente ahumada y con un fondo avinagrado, que sirve de base cremosa para los mejillones sobre un pan bien crujiente. Los daditos de chorizo dorado aportan textura, el cebollino frescura, y unas escamas® de Sal Maldon® dan el toque final. Una tapa rápida, vistosa y perfecta para compartir.
Elaboración
Sigue estos sencillos pasos para preparar unas tostas de mejillones irresistibles:
Dora el chorizo. Trocea el chorizo ibérico en daditos y cocínalo en un cazo a fuego bajo durante unos minutos, para que se dore y suelte todo su aceite. Retira del fuego, pásalo por un colador y reserva por separado los dados de chorizo y su aceite.
Separa los mejillones. Abre las latas de mejillones, vierte el escabeche en un vaso y reserva los mejillones aparte.
Prepara la mahonesa. Pon la yema en el vaso de la batidora con el ajo rallado y una pizca de Sal Maldon. Añade el aceite templado del chorizo y el escabeche de los mejillones. Bate con la batidora apoyada en el fondo hasta que emulsione y, si hace falta, añade más aceite de oliva suave poco a poco para espesar la mahonesa.
Reserva en frío. Pasa la mahonesa a una manga pastelera y guárdala en la nevera unos minutos.
Tuesta el pan. Tuesta las rebanadas en una tostadora o en una sartén bien caliente hasta que queden crujientes.
Monta las tostas. Con la manga, aplica una base generosa de mahonesa sobre cada rebanada. Coloca encima los mejillones de forma ordenada y reparte los daditos de chorizo por la superficie.
Sirve. Decora con cebollino picado y termina con unas escamas de Sal Maldon justo antes de servir.
Consejos para un resultado perfecto
Cocina el chorizo a fuego bajo: si el aceite se quema, amargará la mahonesa.
Deja que el aceite del chorizo se temple antes de añadirlo; si está demasiado caliente, la mahonesa puede cortarse.
Usa todos los ingredientes de la mahonesa a la misma temperatura para que emulsione con facilidad.
Si la mahonesa se corta, pon otra yema en un vaso limpio y ve añadiendo la mezcla cortada poco a poco mientras bates.
Elige un pan de miga firme, como una chapata o un pan de pueblo, que aguante bien la mahonesa sin reblandecerse.
Monta las tostas en el último momento para que el pan conserve todo su crujiente.
Por qué terminar la tosta con Sal Maldon
En una tapa de sabores tan intensos como el chorizo y el escabeche, la sal tiene que sumar sin tapar. Las escamas de Sal Maldon aportan una salinidad limpia y un crujido delicado que contrasta con la cremosidad de la mahonesa y la textura tierna de los mejillones. Al no disolverse de inmediato, se perciben en cada bocado como pequeños destellos de sabor, que realzan el marisco y equilibran la grasa del chorizo.
Preguntas frecuentes
¿Es seguro usar yema de huevo cruda?
Para mayor seguridad alimentaria, puedes usar yema de huevo pasteurizada. Si preparas la mahonesa en casa con huevo fresco, consérvala siempre en la nevera y consúmela en el día.
¿Puedo usar mejillones frescos?
Sí, aunque la gracia de esta receta está en aprovechar el escabeche de la lata para la mahonesa. Si usas mejillones frescos, cocínalos al vapor y añade un chorrito de vinagre suave a la mahonesa para recuperar ese toque.
¿Puedo sustituir el chorizo ibérico?
Puedes usar chorizo de otro tipo o incluso sobrasada, que también suelta un aceite muy sabroso. El resultado será igual de intenso.
¿Puedo preparar la mahonesa con antelación?
Puedes hacerla un par de horas antes y guardarla en la manga en la nevera. Así solo tendrás que tostar el pan y montar las tostas en el momento.
Sugerencias de presentación
Sirve las tostas en una tabla de madera o en una fuente alargada, alineadas para que se vea el contraste entre el naranja de la mahonesa, el brillo de los mejillones y el verde del cebollino. Acompáñalas con un vermut, una caña bien fría o un vino blanco, y añade unas escamas de Sal Maldon justo antes de llevarlas a la mesa.
Conservación
Las tostas deben montarse y comerse al momento. Si te sobra mahonesa, guárdala en un recipiente hermético en la nevera y consúmela en el mismo día. Los dados de chorizo pueden conservarse en la nevera hasta 2 días.
Los días se acortan, las primeras lluvias refrescan el ambiente y la cocina vuelve a pedir horno, cuchara y aromas tostados. El otoño es la temporada de la calabaza, de las coles y de las patatas bien doradas, y también el momento perfecto para jugar con los matices de Sal Maldon®: el ajo, el chilli, el ahumado y, por supuesto, las escamas® originales de siempre.
Hemos reunido cinco recetas pensadas para estas semanas de transición entre el verano y el frío: platos reconfortantes, sencillos de preparar y con ese punto de textura final que marcan las escamas justo antes de servir. Hay un plato de pasta para una cena entre semana, una tarta salada para compartir, una crema especiada para las primeras noches frescas, la guarnición que nunca falla y una verdura que te hará cambiar de opinión sobre la col.
Si vienes de nuestro carrusel de Instagram, aquí encontrarás todo lo que no cabía en las imágenes: qué hace especial a cada receta, cuándo servirla, el truco que compartimos para cada una y el enlace a la receta completa, paso a paso.
Si tuviéramos que elegir un plato que resuma el otoño, probablemente sería este. Unos gnocchi tiernos envueltos en una salsa de calabaza asada, cebolla y ajo confitado, tan cremosa que nadie diría que no lleva nata. Encima, hojas de salvia fritas hasta quedar crujientes, nueces tostadas y parmesano: tres texturas que convierten un plato de pasta sencillo en algo especial.
El secreto está en asar las verduras en la freidora de aire (o en el horno) con Sal Maldon con Ajo, que potencia el dulzor de la calabaza y aporta todo el aroma del ajo sin riesgo de que se queme. Es una receta ideal para una cena entre semana, pero lo bastante vistosa para servirla a invitados.
En resumen:Para 4 personas · 50 minutos · Fácil · Sal Maldon con Ajo
Nuestro truco: Tuesta bien la salvia para conseguir un acabado crujiente que contraste con la textura suave de los gnocchi.
Una tarta sin molde, de bordes doblados a mano, que cuanto más rústica queda, más apetece. La masa quebrada es casera, crujiente y mantecosa, y el relleno combina calabaza, zanahoria y cebolla morada asadas hasta caramelizarse con una base cremosa de crème fraîche, cheddar, mostaza de Dijon y hierbas frescas.
Es la receta perfecta para un plato principal vegetariano que se comparte en el centro de la mesa. Las escamas de Sal Maldon aparecen dos veces: en la masa y sobre las verduras, antes de asarlas.
En resumen:Para 4–6 personas · 1 h 30 min (+ reposo) · Media · Escamas originales
Nuestro truco: No amontones las verduras al asarlas; así se caramelizan en lugar de cocerse al vapor.
Una crema de calabaza de las de toda la vida, pero con carácter. El sofrito lleva jengibre fresco, comino y cilantro, que le dan un fondo cálido y especiado, y se termina con un hilo de yogur y un topping de pipas de calabaza y ajo laminado, tostados en un momento.
El picante lo aporta la Sal Maldon con Chilli, que se usa dos veces: en el sofrito, para que el calor se reparta de forma suave por toda la sopa, y sobre el topping, para dar un golpe crujiente y picante en cada cucharada. Además, mejora de un día para otro, así que es perfecta para cocinar con antelación.
En resumen:Para 4–6 personas · 1 hora · Fácil · Sal Maldon con Chilli
Nuestro truco: Reserva la Sal Maldon con Chilli del topping para el final, sobre las pipas recién tostadas: así el picante y el crujiente de las escamas se mantienen intactos.
La guarnición que siempre desaparece primero. Patatas doradas y crujientes por fuera, tiernas como un puré por dentro, asadas con una cabeza de ajos, romero y laurel. Te damos la versión al horno y la versión en freidora de aire, para que elijas la que mejor te encaje.
El truco es muy sencillo: hervirlas unos minutos antes de asarlas y sacudirlas para que los bordes queden rugosos. Y para sazonar, Sal Maldon con Ajo, que aporta todo el sabor del ajo desde el principio sin que llegue a quemarse. Acompañan de maravilla un asado, un pescado al horno o, sencillamente, un buen alioli.
En resumen:Para 4–6 personas · 45 minutos · Fácil · Sal Maldon con Ajo
Nuestro truco: Hierve ligeramente las patatas antes de hornearlas para conseguir un exterior mucho más crujiente.
La prueba definitiva de que la col puede ser protagonista. Se marca en la sartén hasta que la cara del corte queda bien tostada, se asa al horno hasta que sus bordes están crujientes y, al final, se baña en una mantequilla de miso y lima que se carameliza sobre las hojas.
El miso aporta umami, la lima frescura y la Sal Maldon ahumada un fondo de brasa que recuerda a la parrilla sin necesidad de encenderla. Con solo seis ingredientes, sirve igual de bien como guarnición que como plato principal vegetariano con un poco de arroz.
En resumen:Para 2–4 personas · 45 minutos · Fácil · Sal Maldon ahumada
Nuestro truco: Marca bien la col antes de hornearla para potenciar sus notas tostadas y el toque ahumado.
Aunque cada receta funciona por sí sola, juntas dan mucho juego. Estas son algunas combinaciones que nos encantan:
Cena vegetariana para amigos: sopa picante de calabaza como entrante y galette de verduras asadas como plato principal, acompañada de una ensalada verde.
Asado de domingo: un pollo o un picantón al horno con patatas asadas con ajo y romero y col asada con mantequilla de miso como guarniciones.
Cena rápida entre semana: gnocchi de calabaza con salvia crujiente. Si te sobra calabaza asada, guárdala para la sopa del día siguiente.
Batch cooking de otoño: asa de una vez una bandeja grande de calabaza y reparte: una parte para la salsa de los gnocchi, otra para la sopa y otra para la galette.
Ingredientes de temporada: qué comprar en otoño
Cocinar con producto de temporada es la forma más fácil de ganar sabor y ahorrar. Estas son las estrellas de nuestras recetas:
Calabaza. Es la reina del otoño. Elige piezas pesadas para su tamaño, con la piel firme y sin golpes. La tipo cacahuete (butternut) es la más versátil: dulce, con poca agua y fácil de pelar. Entera, aguanta semanas en un lugar fresco y seco.
Col. Las coles están en su mejor momento con los primeros fríos, que concentran sus azúcares. La col puntiaguda o de corazón es más tierna y dulce que el repollo liso, y perfecta para asar.
Patata. Para asar, busca variedades harinosas como la Kennebec o la Agria, que quedan crujientes por fuera y esponjosas por dentro.
Hierbas y especias. Salvia, romero, orégano, jengibre, comino y cilantro aportan calidez y aroma. Tuesta las especias unos segundos en la grasa del sofrito para despertar todo su sabor.
El toque Sal Maldon: una variedad para cada receta
En estas cinco recetas usamos cuatro variedades distintas, y cada una tiene un papel propio:
Escamas originales. De sabor limpio y textura crujiente, sazonan la masa y las verduras de la galette y el agua de cocción de los gnocchi. Descubre las escamas de Sal Maldon.
Sal Maldon con Ajo. Aporta todo el aroma del ajo tostado sin el riesgo de que se queme en el horno; por eso funciona tan bien en las patatas y en la salsa de calabaza de los gnocchi. Qué es la sal marina de ajo y cómo usarla.
Sal Maldon con Chilli. Un picante amable que se integra en el sofrito de la sopa y brilla sobre el topping crujiente. Descubre las sales marinas aromatizadas.
Sal Maldon ahumada. Ahumada en frío con madera de roble, aporta un matiz de brasa que transforma la col asada. Qué es la sal ahumada y cómo usarla.
Sala por capas: una pizca al principio para sazonar y unas escamas al final para aportar textura y un golpe de sabor en cada bocado.
Aprovecha el horno encendido: si vas a asar las patatas o la galette, mete a la vez una bandeja de calabaza y tendrás la base de otra receta lista.
No amontones las verduras en la bandeja: con espacio se caramelizan; apretadas, se cuecen al vapor.
Las cremas y salsas de calabaza mejoran de un día para otro y se congelan muy bien: cocina de más y guarda raciones.
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de calabaza es mejor para estas recetas?
La calabaza tipo cacahuete (butternut) es la más versátil: tiene una pulpa dulce, poca agua y se pela con facilidad. Para la sopa y los gnocchi también funcionan muy bien la calabaza de cidra o la potimarrón.
¿Qué recetas son vegetarianas?
La galette y la col asada lo son. La sopa también, si usas caldo de verduras, y los gnocchi, si eliges un parmesano elaborado sin cuajo animal.
¿Puedo preparar alguna con antelación?
Sí. La sopa y la salsa de los gnocchi se conservan 2–3 días en la nevera, y la masa de la galette puede hacerse hasta dos días antes.
¿Puedo sustituir las sales aromatizadas por las escamas originales?
Sí, todas las recetas funcionan con las escamas originales. Solo tendrás que añadir un poco más de ajo, una pizca de chilli en copos o un toque de pimentón ahumado para compensar el aroma.
Más recetas de otoño con Sal Maldon
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Hay guarniciones que acompañan y guarniciones que roban el protagonismo. Estas patatas asadas pertenecen al segundo grupo: exterior dorado y crujiente, interior tierno como un puré y todo el aroma del ajo y el romero. El secreto está en un paso muy sencillo, hervirlas unos minutos antes de hornearlas, y en sazonarlas con Sal Maldon® con Ajo, que aporta el sabor del ajo desde el primer momento sin el riesgo de que se queme en el horno.
Te damos la versión al horno y la versión en freidora de aire. Acompañan a la perfección un pollo asado, un pescado al horno o unas verduras, y en otoño son sencillamente irresistibles. Termínalas con unas escamas® justo antes de servir.
Elaboración patatas asadas
Sigue estos pasos para conseguir un resultado perfecto:
Hierve las patatas. Ponlas en una olla con agua fría con sal, lleva a ebullición y deja hervir a fuego vivo durante 5 minutos. Escúrrelas y déjalas secar al vapor unos minutos en el escurridor; sacúdelas un poco para que los bordes queden rugosos.
Precalienta. Precalienta el horno o la freidora de aire a 190 °C (con ventilador).
En el horno: calienta el aceite en una bandeja dentro del horno durante 10 minutos. Añade las patatas con cuidado, sazona con Sal Maldon con Ajo y asa 20 minutos. Incorpora la cabeza de ajos, el romero y el laurel, y asa 10–15 minutos más, hasta que estén bien doradas.
En la freidora de aire: mezcla las patatas con el aceite y la Sal Maldon con Ajo y cocina 25 minutos. Añade el ajo y las hierbas y cocina 10–20 minutos más, hasta que estén doradas y crujientes.
Sirve. Termina con unas escamas más justo antes de llevarlas a la mesa y exprime los dientes de ajo asados sobre las patatas.
Consejos para un resultado perfecto
Hierve ligeramente las patatas antes de hornearlas: los bordes rugosos que se forman al sacudirlas se tuestan y atrapan el aceite, y el exterior queda mucho más crujiente.
Elige patatas de variedad harinosa, como la Kennebec o la Agria; son las que mejor contraste consiguen entre exterior e interior.
Déjalas secar bien al vapor antes de hornearlas: la humedad es enemiga del crujiente.
Calienta el aceite en la bandeja antes de añadir las patatas; al entrar en contacto con el aceite caliente empiezan a dorarse de inmediato.
Añade el ajo y las hierbas en la segunda mitad de la cocción para que se asen sin quemarse.
Por qué usar Sal Maldon con Ajo en las patatas asadas
Cuando se asan patatas con ajo picado, el ajo suele quemarse mucho antes de que las patatas estén listas. La Sal Maldon con Ajo resuelve el problema: aporta el sabor del ajo tostado desde el principio, se adhiere bien a la superficie rugosa de las patatas y, al ser escamas, deja además un crujiente irregular sobre cada trozo. La cabeza de ajos asada, añadida al final, suma un contrapunto dulce y meloso.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que pelar las patatas?
No es imprescindible. Con piel quedan más rústicas y se conservan más nutrientes; eso sí, lávalas bien y sécalas antes de hervirlas.
¿Por qué hay que hervirlas antes?
El hervido previo cocina el interior y hace que la superficie se ablande ligeramente. Al sacudirlas, se forma una capa rugosa que en el horno se convierte en una costra muy crujiente.
¿Puedo usar romero seco?
Sí, aunque en menor cantidad (una cucharadita) y añadido al principio junto con la sal. El romero fresco aporta más aroma.
¿Con qué las puedo servir?
Son perfectas con un pollo asado, un picantón al romero, un pescado al horno o simplemente con un buen alioli.
Sugerencias de presentación
Sirve las patatas en la misma bandeja o en una fuente de barro, con la cabeza de ajos asada en el centro para que cada comensal pueda exprimir sus dientes. Unas ramitas de romero fresco y unas escamas de Sal Maldon con Ajo justo antes de servir completan la presentación.
Conservación
Están mejor recién hechas, pero puedes guardarlas en la nevera hasta 2 días. Para recuperar su textura, recaliéntalas en el horno o en la freidora de aire a 200 °C durante 8–10 minutos.
La galette es la versión más relajada de una tarta: no necesita molde, los bordes se doblan a mano y cuanto más rústica queda, más apetecible resulta. Esta versión otoñal lleva una masa quebrada casera, crujiente y mantecosa, rellena de calabaza, zanahoria y cebolla morada asadas hasta caramelizarse, sobre una base cremosa de crème fraîche, cheddar, mostaza de Dijon y hierbas frescas. Las escamas® de Sal Maldon® aparecen dos veces: en la masa, para darle sabor, y sobre las verduras antes de asarlas.
Es un plato principal vegetariano perfecto para compartir en el centro de la mesa, para llevar a una comida con amigos o para servir con una ensalada verde en una cena de fin de semana.
Elaboracióngalette
Sigue estos pasos para conseguir un resultado perfecto:
Prepara la masa. Mezcla la harina con las escamas de Sal Maldon en un bol. Añade la mantequilla fría y frota con las yemas de los dedos hasta obtener una textura de migas de pan. Incorpora el vinagre y el agua helada, mezcla con suavidad y junta hasta formar una masa irregular.
Deja reposar. Forma un disco, envuélvelo en film y guárdalo en la nevera al menos 1 hora.
Asa las verduras. Precalienta el horno a 200 °C. Reparte la calabaza, la cebolla y la zanahoria en una bandeja (usa dos si no caben holgadas), riega con el aceite y sazona con escamas de Sal Maldon y pimienta. Asa durante 25 minutos, hasta que estén doradas, y deja templar.
Mezcla la base cremosa. En un bol, combina la crème fraîche, el cheddar, la mostaza, la salvia y el orégano.
Monta la galette. Estira la masa sobre papel de horno hasta que tenga el grosor de una moneda y unos 30 cm de diámetro. Extiende la mezcla cremosa dejando un borde libre de unos 5 cm y reparte encima las verduras asadas.
Hornea. Dobla los bordes de la masa hacia dentro sobre el relleno, píntalos con huevo batido y hornea 45–50 minutos, girando la bandeja a los 30 minutos, hasta que la masa esté bien dorada.
Reposa y sirve. Deja reposar 10 minutos antes de cortar.
Consejos para un resultado perfecto
No amontones las verduras al asarlas: si quedan apretadas, sueltan agua y se cuecen al vapor en lugar de caramelizarse. Usa dos bandejas si hace falta.
Deja que las verduras se templen antes de montar la galette; si están calientes, derretirán la mantequilla de la masa.
Trabaja la masa lo mínimo y con las manos frías: los trocitos de mantequilla visibles son los que crean las capas hojaldradas.
El vinagre de manzana ayuda a que la masa quede tierna y fácil de estirar; no lo omitas.
Hornea sobre la parte baja del horno para que la base quede bien crujiente.
Por qué terminar el plato con Sal Maldon
En una receta con tantos sabores intensos (queso, mostaza, hierbas, verduras caramelizadas) la sal tiene que sumar sin dominar. Las escamas originales de Sal Maldon, con su sabor limpio y su textura laminada, se reparten de forma uniforme sobre las verduras y se funden en la masa sin dejar puntos demasiado salados. Unas escamas más, añadidas al sacar la galette del horno, aportan un último crujiente que contrasta con la cremosidad del relleno.
Preguntas frecuentes sobre galette
¿Puedo usar masa quebrada comprada?
Sí. Una lámina de masa quebrada refrigerada funciona perfectamente si vas con prisa, aunque la casera queda más crujiente y mantecosa.
¿Por qué queso puedo sustituir el cheddar?
Un queso curado de vaca, un gruyère o un manchego semicurado dan un resultado estupendo.
¿Qué otras verduras puedo usar?
Boniato, chirivía, remolacha, hinojo o setas son opciones ideales en otoño. Solo asegúrate de cortarlas en trozos de tamaño similar para que se asen por igual.
¿Puedo prepararla con antelación?
Puedes hacer la masa hasta dos días antes y asar las verduras la víspera. Monta y hornea la galette el mismo día para que la masa quede crujiente.
Sugerencias de presentación
Sirve la galette entera sobre una tabla de madera o papel de horno arrugado, para que luzca su aspecto rústico, y córtala en la mesa. Termina con unas hojas de salvia u orégano frescos y unas escamas de Sal Maldon. Una ensalada de hojas verdes con vinagreta de mostaza es el acompañamiento perfecto.
Conservaciónla galette
La galette se conserva hasta 3 días en la nevera, bien tapada. Para recuperar el crujiente de la masa, caliéntala en el horno a 180 °C durante 10 minutos; evita el microondas, que la ablanda.
La col lleva años esperando su momento, y aquí lo tiene. Marcada en la sartén hasta que sus caras se tuestan, asada en el horno hasta que los bordes quedan crujientes y bañada al final en una mantequilla de miso y lima. Con todo ello, se convierte en un plato con muchísimo carácter. El miso aporta umami, la lima frescura y acidez, y la Sal Maldon® ahumada un fondo de brasa que recuerda a la parrilla sin necesidad de encenderla.
Funciona como guarnición de carnes y pescados, pero también como plato principal vegetariano. Acompañado de arroz o de un buen pan. Con solo seis ingredientes y unos 45 minutos, es una de esas recetas que sorprenden a cualquiera que piense que la col es aburrida.
Elaboración
Sigue estos pasos para conseguir un resultado perfecto:
Marca la col. Calienta el aceite en una sartén grande a fuego fuerte. Coloca las mitades de col con el corte hacia abajo y cocina 4–5 minutos, hasta que estén bien doradas y tostadas.
Asa al horno. Pásalas a una bandeja con el corte hacia arriba y hornea a 200 °C durante 25–30 minutos, hasta que las hojas estén tiernas y los bordes crujientes.
Prepara la mantequilla de miso. Mezcla la mantequilla con el miso, el zumo y la ralladura de lima y una pizca de Sal Maldon ahumada hasta que quede homogénea.
Glasea. Devuelve la col a la sartén a fuego medio, añade la mantequilla de miso y baña la col con ella durante 1–2 minutos, hasta que se caramelice.
Sirve. Pásala a una fuente, riégala con el resto de la mantequilla, añade unas gotas más de lima y termina con Sal Maldon ahumada.
Consejos para un resultado perfecto
Marca bien la col antes de hornearla: ese tostado profundo en la cara del corte es el que potencia sus notas dulces y combina con el toque ahumado de la sal.
No muevas la col mientras se marca en la sartén; déjala quieta para que se forme una costra uniforme.
Usa miso blanco (shiro) si buscas un sabor suave y dulce, o miso rojo si prefieres un umami más intenso.
Ten la mantequilla a temperatura ambiente para que se mezcle bien con el miso sin grumos.
Si no encuentras col puntiaguda, puedes usar col lombarda o repollo cortados en gajos gruesos. Manteniendo parte del tronco para que no se deshagan.
Por qué usar Sal Maldon ahumada en esta receta
La Sal Maldon ahumada se elabora ahumando las escamas® en frío con madera de roble. Por eso aporta sabor a brasa sin tener que cocinar sobre carbón. En esta receta hace dos cosas: dentro de la mantequilla de miso, equilibra el dulzor de la col caramelizada; y espolvoreada al final, sus escamas crujientes contrastan con la textura melosa del glaseado. Es el ingrediente que convierte una verdura humilde en un plato digno de restaurante.
Preguntas frecuentes
¿Dónde encuentro la col puntiaguda?
Se vende en muchos mercados y supermercados en otoño e invierno, a veces como col de corazón o col picuda. Es más tierna y dulce que el repollo liso.
¿Puedo hacerla sin horno?
Sí. Tras marcarla, tapa la sartén y cocina a fuego medio-bajo 15–20 minutos, dándole la vuelta una vez, antes de glasearla con la mantequilla.
¿Se puede preparar con barbacoa?
Por supuesto. Hazla a la brasa por el lado del corte y termina de cocinarla en la zona de calor indirecto, con la tapa cerrada.
¿Tiene versión vegana?
Sí, sustituye la mantequilla por una mantequilla vegetal o por aceite de sésamo tostado mezclado con el miso.
Sugerencias de presentación
Sirve las mitades de col en una fuente oscura, con la cara tostada hacia arriba. Después, vierte la mantequilla de miso que haya quedado en la sartén por encima. Termina con ralladura de lima fresca, unas escamas de Sal Maldon ahumada y, si quieres, un poco de sésamo tostado o cebollino picado.
Conservación
Está mejor recién hecha. Si te sobra, guárdala en la nevera hasta 2 días y recaliéntala en sartén o en el horno. La mantequilla de miso se conserva en la nevera hasta una semana y es perfecta también para verduras al vapor, maíz o pescado.
Pocas cosas reconfortan tanto en otoño como un cuenco de crema caliente. Esta sopa picante de calabaza va un paso más allá. Gracias a un sofrito aromático de jengibre fresco, comino y cilantro, y a un topping crujiente de pipas de calabaza y ajo laminado que se tuesta en un momento. El picante lo pone la Sal Maldon® con Chilli: suave, cálido y equilibrado, se integra en el sofrito y brilla de nuevo en el acabado.
Es una receta sencilla, de ingredientes asequibles y de temporada, que admite prepararse con antelación y mejora de un día para otro. Ideal como primer plato o como cena ligera con un buen trozo de pan.
Elaboración sopa picante
Sigue estos pasos para conseguir un resultado perfecto:
Haz el sofrito. Calienta el aceite en una olla grande a fuego medio. Añade la cebolla y el apio con una pizca de Sal Maldon con Chilli y cocina durante 12–15 minutos. Hasta que estén blandos y dorados.
Añade los aromáticos y la calabaza. Incorpora el ajo, el jengibre, el comino, el cilantro y la calabaza, y rehoga un par de minutos hasta que desprendan aroma. Vierte el caldo.
Cuece y tritura. Deja cocer a fuego suave durante 25–30 minutos, hasta que la calabaza esté tierna. Deja templar ligeramente y tritura hasta obtener una crema fina.
Prepara el topping. En una sartén pequeña, calienta el aceite con las pipas de calabaza durante unos minutos, hasta que empiecen a saltar. Añade el ajo laminado y fríe 1–2 minutos, hasta que esté ligeramente dorado. Retira del fuego y añade una pizca de Sal Maldon con Chilli.
Sirve. Reparte la sopa en cuencos, añade un hilo de yogur o nata agria y termina con las pipas y el ajo crujientes.
Consejos para un resultado perfecto
Dedica tiempo al sofrito: los 12–15 minutos de cebolla y apio a fuego medio son los que dan profundidad y dulzor a la sopa.
Rehoga las especias con la calabaza un par de minutos antes de añadir el caldo; el calor despierta sus aceites aromáticos.
Vigila el ajo laminado del topping: pasa de dorado a quemado en segundos, y el ajo quemado amarga.
Reserva la Sal Maldon con Chilli del topping para el final, sobre las pipas recién tostadas, para que el picante y el crujiente se mantengan intactos.
Si la sopa queda demasiado espesa, aligérala con un poco de caldo caliente; si queda líquida, déjala reducir unos minutos sin tapa.
Por qué usar Sal Maldon con Chilli en la sopa picante
La Sal Maldon con Chilli une las escamas® de siempre con chile rojo, así que sazona y aporta picante en un solo gesto. En el sofrito, su calor se reparte por toda la sopa de forma suave y homogénea; sobre el topping, en cambio, se queda en la superficie, crujiente y visible, y da un golpe de picante en cada cucharada. Es una forma muy sencilla de controlar la intensidad: más en el topping para quien lo quiera más picante, menos para los paladares más suaves.
Preguntas frecuentes
¿Es muy picante?
No. El picante es cálido y moderado. Puedes ajustarlo fácilmente añadiendo más o menos Sal Maldon con Chilli en el topping.
¿Puedo hacerla vegana?
Sí: usa caldo de verduras y sustituye el yogur griego por un yogur vegetal de coco o de soja sin azúcar.
¿Se puede congelar?
Sí, la crema se congela muy bien hasta 3 meses. Prepara el topping en el momento de servir.
¿Puedo usar otra calabaza?
Cualquier calabaza de pulpa naranja sirve. La butternut da una crema más dulce y la de cidra, una textura más ligera.
Sugerencias de presentación
Sirve la crema en cuencos anchos para que el topping tenga protagonismo. Dibuja una espiral de yogur con la ayuda de una cuchara, reparte las pipas y el ajo crujientes por encima con su aceite y termina con unas escamas de Sal Maldon con Chilli. Acompaña con pan tostado o una focaccia.
Conservación
La crema se conserva hasta 4 días en la nevera en un recipiente hermético y hasta 3 meses en el congelador. Guarda el topping aparte, en un bote cerrado a temperatura ambiente, para que no pierda el crujiente.
Cuando llegan los primeros días frescos, apetece un plato de pasta que reconforte sin ser pesado. Estos gnocchi de calabaza lo consiguen con una salsa cremosa hecha a base de calabaza asada, cebolla y ajo confitado, sin una gota de nata. La textura aterciopelada la ponen las propias verduras, y el toque final llega con hojas de salvia fritas, nueces tostadas y parmesano. Para sazonar usamos Sal Maldon® con Ajo, que refuerza el sabor dulce del ajo asado sin riesgo de que se queme.
Las verduras se asan en la freidora de aire en apenas 20 minutos, pero si no tienes una, el horno funciona igual de bien. Es un plato perfecto para una cena entre semana y, a la vez, lo bastante vistoso como para servirlo a invitados. Y como todas las recetas de otoño, gana muchísimo con unas escamas® añadidas justo en el momento de servir.
Elaboración gnocchi de calabaza
Sigue estos pasos para conseguir un resultado perfecto:
Asa la calabaza. Pela la calabaza, retira las semillas y córtala en dados de 2 cm. Precalienta la freidora de aire a 180 °C. Coloca la calabaza y los gajos de cebolla en la cesta, riega con un chorrito de aceite de oliva y sazona con Sal Maldon con Ajo y pimienta negra.
Confita el ajo. Corta la cabeza de ajos por la mitad en horizontal y envuelve cada mitad en papel de aluminio. Añádelas a la cesta y asa todo durante 15–20 minutos, hasta que la calabaza esté tierna y la cebolla ligeramente tostada. Deja templar y desenvuelve el ajo: debe estar dorado y muy blando.
Prepara el crujiente. Calienta un poco de aceite en una sartén pequeña y fríe las hojas de salvia durante un minuto aproximadamente, hasta que estén crujientes. Retíralas sobre papel de cocina. Tuesta las nueces en la freidora de aire durante 5 minutos y pícalas en trozos grandes.
Cuece los gnocchi. Lleva a ebullición una olla con agua y sazónala con escamas de Sal Maldon. Cuece los gnocchi según las indicaciones del paquete y escúrrelos, reservando una taza del agua de cocción. Pásalos a una sartén grande.
Tritura la salsa. Coloca en el vaso de la batidora la calabaza, la cebolla, los dientes de ajo asados (presiona la piel para que salgan), el parmesano, una pizca de Sal Maldon con Ajo, pimienta y 50 ml del agua de cocción. Tritura hasta obtener una crema fina, añadiendo más agua si hace falta.
Últimos 2 pasos…
Une y calienta. Vierte la salsa sobre los gnocchi y calienta a fuego suave, removiendo con cuidado para que queden bien cubiertos. Si la salsa queda espesa, aligérala con un poco más de agua de cocción.
Sirve. Reparte en platos hondos y termina con las nueces tostadas, la salvia crujiente y un poco más de parmesano rallado.
Consejos para un resultado perfecto
Tuesta bien la salvia: debe quedar crujiente y translúcida, pero sin oscurecerse. Así aporta un contraste de textura perfecto frente a la suavidad de los gnocchi.
Sin freidora de aire, asa la calabaza, la cebolla y el ajo en el horno a 200 °C durante 25–30 minutos.
No tires el agua de cocción: el almidón de los gnocchi ayuda a que la salsa quede sedosa y se adhiera mejor.
Aprovecha el aceite en el que has frito la salvia para dar un último hilo sobre el plato: queda perfumado y muy aromático.
Si prefieres una salsa más ligera, sustituye parte del parmesano por un poco más de agua de cocción.
Por qué usar Sal Maldon con Ajo en esta receta
La Sal Maldon con Ajo combina las escamas de siempre con ajo tostado, de modo que aporta el sabor profundo del ajo sin que tengas que picarlo ni vigilar que no se queme. En esta receta cumple una doble función: sazona la calabaza antes de asarla, potenciando su dulzor natural, y redondea la salsa al triturarla. Y al ser escamas, si reservas una pizca para el final, aporta además un crujiente sutil sobre cada bocado.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacer los gnocchi en casa?
Sí. Si quieres hacerlos caseros, cuece 1 kg de patatas harinosas, pásalas por el pasapurés y mézclalas con unos 250 g de harina y un huevo. Aun así, unos buenos gnocchi frescos de tienda dan un resultado excelente con mucho menos esfuerzo.
¿Qué calabaza es mejor para la salsa?
La calabaza tipo cacahuete (butternut) o la potimarrón son ideales porque tienen una pulpa dulce, poco fibrosa y con poca agua.
¿Es una receta vegetariana?
Sí, siempre que utilices un parmesano o queso curado elaborado sin cuajo animal.
¿Puedo sustituir las nueces?
Claro. Las avellanas tostadas o las pipas de calabaza funcionan muy bien y mantienen el toque crujiente.
Sugerencias de presentación
Sirve los gnocchi en platos hondos de tonos neutros o cerámica artesanal, que realzan el color anaranjado de la salsa. Reparte las nueces y la salvia por encima justo antes de llevar a la mesa para que no pierdan su textura, y termina con una lluvia de parmesano recién rallado y unas escamas de Sal Maldon con Ajo.
Conservación
La salsa de calabaza se conserva hasta 3 días en la nevera en un recipiente hermético, e incluso puede congelarse. Los gnocchi, en cambio, están mejor recién cocidos. Guarda la salvia frita y las nueces aparte, a temperatura ambiente, para que se mantengan crujientes.
Si alguna vez has visto a alguien echar sal a su café y has pensado que era otra excentricidad de redes sociales, te sorprenderá saber que es uno de los trucos más antiguos — y más lógicos — para disfrutar mejor de una taza. No se trata de tomar un café salado, sino justo de lo contrario. De conseguir un café más redondo, más suave y, curiosamente, más dulce.
Basta una pizca. Te contamos por qué funciona, de dónde viene la costumbre y cómo dar con la cantidad justa.
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Qué le hace la sal al café
El café es, por naturaleza, amargo. Ese amargor forma parte de su carácter, pero cuando domina la taza tapa los matices más interesantes del grano. Las notas tostadas, a chocolate, a caramelo o a fruta. La reacción habitual es añadir azúcar, que suma dulzor por encima pero no resuelve el problema de fondo.
La sal actúa de otra manera. El sodio reduce la percepción del amargor en la lengua y, cuando esa señal se atenúa, el dulzor natural que ya tenía el café sale a la superficie. No añade un sabor nuevo: deja que se note el que ya estaba ahí. Es el mismo principio que explica por qué una pizca de sal hace mejor un brownie o una onza de chocolate negro.
Una costumbre con mucha historia
Lo que hoy parece una tendencia lleva generaciones en la taza en distintas partes del mundo. En Turquía, la sal forma parte del ritual del café que se prepara lentamente en el cezve. La pequeña cafetera de cobre de mango largo, y se sirve sin colar, con su espuma densa. En Vietnam, el café con sal tiene incluso nombre propio: el cà phê muối. Un café de goteo lento con leche condensada, servido con hielo y coronado con una nata ligeramente salada que equilibra todo el dulzor.
Y la costumbre sigue evolucionando. La última versión que arrasa en redes es el «Salty Canadian», una mezcla de café, mantequilla, sirope de arce y sal, batida hasta quedar espumosa y brillante. Tradicional o viral, la conclusión es la misma: la sal y el café se entienden.
Cuánta sal poner (y cuál elegir)
Aquí está la clave de todo: menos es más. Una pizca o una sola vuelta de molinillo es suficiente para una taza. La sal no debe notarse como tal — si el café te sabe salado, te has pasado. La idea es, simplemente, que deje de saber solo a amargo.
El tipo de sal que elijas también cambia el resultado. Para un efecto sutil, casi imperceptible, la Sal Rosa del Himalaya, seleccionada por Maldon®, en molinillo se reparte de forma fina y homogénea. Si prefieres un cambio más decidido, un pellizco de escamas® de Sal Maldon Original. Se disuelven poco a poco en la superficie del café y dejan un efecto más marcado, con menos amargor y más cuerpo.
En resumen
Por qué funciona: la sal reduce el amargor y deja que se note el dulzor natural del café.
Cuánta poner: una pizca o una vuelta de molinillo por taza, nunca tanta como para que se note.
Cuál elegir: Sal Rosa del Himalaya para un toque sutil; escamas de Sal Maldon Original para un efecto más decidido.
Menos amargor, más sabor
La próxima vez que te prepares un café, antes de ir a por el azúcar, prueba con una pizca de sal. Es uno de los gestos más pequeños que puedes hacer en la cocina, y uno de los que más se notan en la taza.
Guarda este tip para tu próximo café y cuéntanos cómo lo tomas en @salmaldon.oficial.
El sorbete de tomate es uno de esos platos que sorprenden por su sencillez y su capacidad para refrescar en los días de más calor. Hecho con tomates cherry de colores, un sirope ligero y un toque de limón, se congela hasta conseguir una textura granizada que se sirve en copa, a medio camino entre el entrante y el postre. El remate llega con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, unas hojas de albahaca y un puñado de escamas® de Sal Maldon® con chili, que aportan el punto picante que convierte este sorbete en algo memorable. Esta receta es perfecta como entrante fresco para una comida de verano o como intermedio sorprendente entre platos.
El secreto está en el contraste: el dulzor del tomate maduro y el sirope se equilibra con la acidez del limón, mientras que las escamas de Sal Maldon con chili añaden un chispazo picante y salino justo en el último momento. Una receta que exige poco tiempo activo en la cocina, aunque conviene organizarse bien con los tiempos de la heladera.
Elaboración
Sigue estos sencillos pasos para conseguir un sorbete de tomate perfecto:
Prepara el sirope. Cuece durante 5 minutos el azúcar con el agua hasta conseguir un sirope. Reserva y deja enfriar.
Tritura y filtra. Tritura los tomates junto con el sirope y el zumo de limón. Coloca la mezcla dentro de una gasa y filtra los jugos apretando con las manos.
Congela. Pon el jugo de tomate en la heladera y trabaja hasta que esté congelado.
Termina y sirve. Reparte en copas y riega con un poco de aceite de oliva virgen extra y escamas de Sal Maldon con chili. Acaba decorando con unas hojas de albahaca.
Consejos para un resultado perfecto
Usa tomates cherry bien maduros y de colores variados: aportan más dulzor y un color más vivo al sorbete.
Filtra bien el jugo con la gasa: cuanto más limpio quede, más fina será la textura final del sorbete.
Si no tienes heladera, vierte el jugo en un recipiente bajo y remuévelo cada 30 minutos mientras se congela, para romper los cristales de hielo.
Ajusta la cantidad de Sal Maldon con chili según el picante que te guste: empieza con poca cantidad y ve probando.
Sirve el sorbete recién sacado de la heladera, en copas bien frías, para que mantenga su textura granizada.
Por qué terminar el plato con Sal Maldon con Chili
En un sorbete tan fresco y dulce como este, un toque de sal picante marca la diferencia. Las escamas de Sal Maldon con chili aportan un crujido sutil, una salinidad limpia y un chispazo de picante que resalta el sabor natural del tomate sin taparlo. A diferencia de una sal fina, se mantienen intactas hasta el momento de comer. Ofreciendo ese contraste final que convierte un sorbete casero en un plato con carácter.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacer el sorbete de tomate sin heladera?
Sí. Vierte el jugo de tomate en un recipiente bajo y ancho, mételo en el congelador y remuévelo con un tenedor cada 30 minutos hasta conseguir una textura granizada.
¿Puedo preparar el sorbete con antelación?
Sí, se conserva bien en el congelador hasta una semana. Añade el aceite, la Sal Maldon con chili y la albahaca justo antes de servir.
¿Qué pasa si no tengo Sal Maldon con chili?
Puedes sustituirla por escamas de Sal Maldon clásicas y añadir una pizca de guindilla o pimentón picante. Aunque el resultado será menos equilibrado.
¿Se puede servir el sorbete de tomate como plato principal?
Funciona mejor como entrante frío o como intermedio entre platos, en raciones pequeñas servidas en copa o vaso.
Sugerencias de presentación
Sirve el sorbete de tomate en copas de cóctel o vasos pequeños bien fríos, para que mantenga la temperatura el mayor tiempo posible. Añade el aceite de oliva, las escamas de Sal Maldon con chili y la albahaca justo antes de llevarlo a la mesa, para que conserven su textura y aroma.
Conservación
El sorbete de tomate se conserva bien en el congelador, en un recipiente hermético, hasta una semana. Sácalo unos minutos antes de servir para que gane cremosidad, y añade el aceite, la sal y la albahaca en el último momento.