Este helado de vainilla con dátiles, aceite de oliva virgen extra y Sal Maldon es una de esas combinaciones sencillas que conquistan desde la primera cucharada. Cremoso, dulce, ligeramente salado y con el toque afrutado del aceite de oliva. Es un postre que juega con el contraste de sabores y texturas.
La suavidad del helado de vainilla se mezcla con la intensidad caramelizada de los dátiles, mientras que unas escamas de Sal Maldon potencian cada matiz y equilibran el dulzor natural del conjunto. El resultado es un postre refrescante y sofisticado que puede servirse tanto en una comida informal como en una cena especial. Además, al no necesitar cocción ni técnicas complicadas, es perfecto para quienes buscan una receta rápida y deliciosa en apenas unos minutos.
Elaboración helado de vainilla
Sigue estos sencillos pasos:
Comienza cortando los dátiles por la mitad y retirando cuidadosamente el hueso. Después, trocéalos en pequeños pedazos para que se integren mejor con el helado y aporten textura en cada cucharada.
Reparte dos o tres bolas de helado de vainilla en copas o cuencos individuales. Es recomendable sacar el helado del congelador un par de minutos antes. De esta manera, se consigue una textura más cremosa y resulte más fácil servirlo.
Añade los trozos de dátil sobre el helado de forma uniforme. Su dulzor natural combina a la perfección con la vainilla y aporta un contraste suave y jugoso.
Incorpora un chorrito de aceite de oliva virgen extra por encima. Aunque pueda parecer un ingrediente inesperado en un postre, aporta aroma, profundidad y un toque mediterráneo muy especial.
Finaliza con unas escamas de Sal Maldon al gusto. Este último toque realza los sabores y crea un equilibrio perfecto entre dulce y salado.
Consejos para un resultado perfecto
Utiliza dátiles Medjool, ya que son más carnosos, tiernos y dulces que otras variedades.
Escoge un helado de vainilla de buena calidad para conseguir un sabor más intenso y una textura cremosa.
El aceite de oliva virgen extra debe ser suave y afrutado para no eclipsar el resto de ingredientes.
Añade la Sal Maldon justo antes de servir para conservar el crujiente de las escamas.
Si quieres darle un toque aún más especial, puedes incorporar nueces troceadas o un poco de ralladura de naranja.
Un postre fácil y sorprendente
Este helado de vainilla con dátiles, aceite de oliva y Sal Maldon demuestra cómo unos pocos ingredientes bien combinados pueden convertirse en un postre lleno de personalidad. Ideal para cualquier época del año, es una opción rápida, original y elegante con la que sorprender a los invitados o disfrutar de un pequeño capricho en casa.
La ensalada malagueña es uno de esos platos tradicionales que sorprenden por su equilibrio de sabores: la suavidad de la patata, el toque cítrico de la naranja y la intensidad del bacalao crean una combinación fresca y llena de matices. Perfecta para los meses más cálidos, esta receta se eleva con el toque crujiente y mineral de la sal Maldon del desierto de Kalahari, que realza cada ingrediente sin enmascararlo.
Una propuesta sencilla, saludable y con esencia mediterránea que funciona tanto como entrante como plato principal ligero.
Elaboración ensalada malagueña
Una receta sencilla que se monta en pocos minutos y que respeta el equilibrio natural de cada ingrediente. El secreto está en la cocción justa y en el orden del emplatado para conservar toda su frescura.
Cuece las patatas en agua con sal hasta que estén tiernas (puedes comprobarlo introduciendo un cuchillo). Déjalas enfriar, pélalas y córtalas en rodajas.
Cuece los huevos durante 10 minutos desde que el agua empiece a hervir. Enfríalos en agua fría, pélalos y resérvalos.
Mientras tanto, corta la cebolla roja en juliana fina. Pela las naranjas a sangre y córtalas en rodajas, recogiendo bien sus jugos.
Para el montaje, coloca una base de patata en el plato. Añade encima las rodajas de naranja y reparte el huevo cortado en cuartos junto con la cebolla.
Incorpora el bacalao ahumado, las aceitunas y los brotes picantes.
Aliña con aceite de oliva virgen extra y termina con un toque de sal Maldon del desierto de Kalahari justo antes de servir.
Consejo Maldon
Añade la sal justo al final para mantener su textura crujiente y potenciar el contraste de sabores. Si quieres un extra de frescura, puedes incorporar un poco de ralladura de naranja o unas gotas de su zumo al aliño. También puedes añadir unas hojas de hierbabuena fresca o un toque de pimienta negra recién molida para intensificar aún más sus matices mediterráneos y aromáticos.
Hay recetas que parecen magia hasta que entiendes la química que hay detrás. Las yemas de huevo curadas son exactamente eso: una técnica sencilla, casi ancestral, que transforma un huevo corriente en algo extraordinario. Y el secreto, como siempre, está en la sal.
El resultado es una yema de textura sedosa, concentrada en sabor, con una superficie que recuerda a la de un queso curado. Versátil, sorprendente, y con una historia que contar en cada plato.
▶ ¿Quieres ver cómo se hacen paso a paso las yemas de huevo? Míralo en nuestro Instagram:
¿Qué es el curado en sal?
El curado es una técnica de conservación milenaria que consiste en extraer la humedad de un alimento mediante sal. Al rodear la yema con una mezcla de sal y azúcar, se produce un proceso de ósmosis: el agua sale de la yema y la mezcla la absorbe, concentrando el sabor y modificando la textura de forma gradual.
La sal Maldon®, con sus características escamas® planas y su pureza mineral, actúa de forma uniforme y sin agresividad. No enmascara el sabor del huevo: lo potencia.
La receta para yemas de huevo
Mezcla la sal y el azúcar en un bol. En un recipiente amplio, extiende la mitad de la mezcla formando una cama uniforme. Con el dorso de una cuchara, crea seis pequeños huecos donde reposarán las yemas.
Separa las claras con las manos, dejando escurrir la mayor cantidad posible de clara. Coloca cada yema en su hueco con mucho cuidado —la delicadeza aquí es fundamental— y cúbrelas completamente con el resto de la mezcla.
Cierra el recipiente y llévalo a la nevera. A partir de aquí, el tiempo lo hace todo.
El factor tiempo: tú decides la textura
Una de las cosas más fascinantes de esta receta es que el resultado cambia según cuánto tiempo dejes curar las yemas:
Con 10 horas obtendrás una yema con el exterior firme pero el interior todavía cremoso y untuoso —perfecta para untar sobre una tostada o acompañar con una cucharada de aceite de oliva virgen extra.
Con 24 horas o más, la textura se vuelve más sólida. Y si las dejas toda una semana, conseguirás algo extraordinario: una yema completamente curada que se puede rallar como si fuera un queso, convirtiéndose en el acabado perfecto para un plato de pasta, un risotto o unos huevos rotos.
Cuando llegue el momento, retira las yemas con sumo cuidado y sumérgelas brevemente en agua fría para eliminar los restos de sal y azúcar. Si vas a presentarlas sobre otro soporte, pon una base de aceite para evitar que se peguen.
¿Con qué combinarlas?
Las yemas curadas son un ingrediente de fondo de despensa que puede elevar platos muy distintos. Aquí van algunas ideas:
Para untar y compartir
Sobre una tostada con mantequilla y cebollino. En una tabla de aperitivos junto a embutido y pan de masa madre. Sobre una rebanada de pan con tomate, dejando que la yema se funda con el aceite.
Ralladas como acabado
Sobre pasta al burro o una carbonara, en lugar del queso. Encima de un risotto de setas justo antes de servir. Sobre unos huevos rotos con patatas para una capa extra de sabor concentrado. Ralladas sobre una pizza blanca recién salida del horno, con un hilo de aceite y rúcula.
En platos con más elaboración
Como yema de acabado sobre una crema de coliflor o una vichyssoise. Sobre un tartar de atún o de ternera, sustituyendo a la yema cruda tradicional. En una ensalada templada de espárragos y jamón ibérico. Cortadas en láminas finas sobre un carpaccio, aportando cremosidad y profundidad.
En la barra del bar, a la española
Sobre una patata brava, ralladas encima de la salsa. En un montadito de jamón ibérico con pan tostado. Como acabado de una croqueta abierta, para un contraste de texturas y sabores que sorprende.
En todos los casos, la sal Maldon no solo ha curado la yema: ha dejado en ella una huella mineral limpia y profunda que ninguna otra sal puede replicar.
Una receta, muchas posibilidades
Lo que hace especial a las yemas curadas es que ponen en valor algo que normalmente se da por sentado: la calidad del ingrediente de base. Cuando la sal es extraordinaria, el resultado también lo es.
Prueba la receta y cuéntanos en qué plato las has usado. Nos encontrarás en @salmaldon.oficial.
Hay algo casi mágico en abrir una caja de Sal Maldon. Ese momento en el que metes los dedos y sacas una escama perfecta — ligera, translúcida, con esa forma de pirámide que no se parece a ninguna otra sal del mundo.
Llevamos años viendo cómo la gente se para a mirarlas. A fotografiarlas. A presumir de ellas antes de que toquen el plato. Y hemos pensado: ¿y si convertimos ese momento en algo aún más extraordinario?
Presentamos: La Escama Extraordinaria
Este mayo lanzamos nuestro primer gran concurso en España. La mecánica es sencilla, pero el premio no tiene nada de ordinario: un viaje a Maldon para dos personas, incluyendo vuelos, hotel y visita a la fábrica donde nacen todas y cada una de nuestras escamas.
Sí, la fábrica de verdad. El lugar donde el agua del estuario del Blackwater se transforma, lentamente, en la sal que termina en tus platos.
¿Cómo participar?
Paso 1 — Dale like al post del sorteo y menciona a tu acompañante
Entra al post oficial del sorteo, dále like y menciona en comentarios a la persona con quien vivirías este viaje.
Paso 2 — Busca tu escama
Abre tu caja de Sal Maldon y encuentra la escama más especial. La más grande, la más perfecta, la más tuya. (Spoiler: todas son extraordinarias.)
Paso 3 — Fotografíala o fílmala
Dale el protagonismo que merece. Sobre un plato, entre tus dedos, encima de tu receta favorita… tú decides cómo mostrar su lado extraordinario.
Paso 4 — Compártela
Sube tu foto o vídeo a Instagram o TikTok con el hashtag #EscamaExtraordinaria y etiqueta a @salmaldon.oficial. Así es como llegamos a verte. La foto o vídeo debe permanecer visible en tu perfil hasta el 21 de mayo.
Tienes hasta el 20 de mayo para participar.
El premio
El ganador se lleva un viaje a Maldon para dos personas:
La campaña nació allí bajo el nombre “The Perfect Pyramid” y la respuesta fue enorme. Cada semana Maldon compartía las mejores participaciones — escamas fotografiadas sobre manos, platos, al trasluz — en sus carúseles de Instagram:
Y en TikTok, participantes como @laurarose.nl y @_feymous_ demostraron que no hace falta más que una buena luz y una escama con carácter.
Ahora es vuestro turno.
¿Por qué la escama?
No hay dos iguales.
El resultado de más de 160 años de tradición artesanal.
Cuando la pones sobre un huevo frito, una burrata o un trozo de chocolate negro, algo cambia. El plato pasa a otro nivel.
Eso es lo que hace la Escama Extraordinaria. Y eso es exactamente lo que queremos celebrar.
¿Tienes la tuya? Enséñanosla.
Si te gusta la carne con carácter, jugosa por dentro y con ese toque ahumado irresistible, la entraña a la brasa es una receta que no falla. Este corte, muy popular en países como Argentina y cada vez más apreciado en España, destaca por su sabor intenso y su textura única. Prepararla bien es clave, y aquí entra en juego un detalle que marca la diferencia: las escamas de Salt Maldon, que aportan un toque crujiente y elegante al final del plato.
La entraña es uno de los cortes más buscados por los amantes de la carne. Su infiltración de grasa y fibras largas hacen que, bien preparada, sea extremadamente sabrosa. Cocinarla a la brasa potencia aún más sus cualidades, creando una costra exterior deliciosa mientras mantiene su interior jugoso. En esta receta, además, se combina con un marinado aromático y unos pimientos caramelizados que elevan el plato a otro nivel.
Preparación paso a paso
Antes de comenzar con la elaboración, es importante tener todos los ingredientes preparados y organizados, ya que esta receta combina tiempos de marinado con una cocción rápida a la brasa. La clave del éxito está en respetar cada paso, desde la mezcla de especias hasta el punto final de la carne. A continuación, te explicamos de forma clara y ordenada cómo conseguir una entraña jugosa, llena de sabor y con ese toque final irresistible.
Preparar el marinado. En un bol, mezcla el orégano, el comino, el pimentón y unas escamas de sal. Añade varios dientes de ajo machacados, las hojas de laurel, el vinagre y el agua. Remueve bien hasta integrar todos los sabores.
Marinar la entraña. Coloca la entraña en una bandeja y vierte el marinado por encima, asegurándote de que quede bien impregnada. Cubre con film y déjala reposar en la nevera durante al menos 2 horas. Este paso es fundamental para que la carne absorba todos los aromas.
Preparar los acompañamientos. Mientras la carne reposa, corta otros dientes de ajo en láminas finas. Abre el bote de pimientos y escúrrelos bien.
Cocinar la entraña a la brasa. Saca la carne del marinado y colócala directamente sobre la brasa bien caliente. Cocínala unos minutos por cada lado, dependiendo del grosor, hasta conseguir el punto deseado. Al retirarla, añade unas escamas de sal por encima para potenciar su sabor.
Últimos pasos
Saltear los ajos y pimientos. En una sartén con un poco de aceite de oliva, dora los ajos laminados hasta que estén ligeramente dorados. Añade los pimientos uno a uno y cocínalos suavemente. Incorpora unas escamas de sal y espolvorea el azúcar moreno, dejando que caramelice ligeramente.
Emplatado final. Sirve la entraña recién hecha acompañada de los pimientos caramelizados y los ajos dorados. Añade un toque final de escamas de sal para ese contraste perfecto.
Consejos y trucos
Temperatura de la carne: saca la entraña de la nevera unos 20 minutos antes de cocinarla para que no esté demasiado fría.
No la cocines en exceso: la entraña queda mejor poco hecha o al punto, ya que así conserva su jugosidad.
Corte correcto: córtala siempre en contra de la fibra para que resulte más tierna al masticar.
La sal al final: añadir las escamas de sal justo antes de servir potencia el sabor sin resecar la carne.
Brasa o plancha: si no tienes brasa, puedes usar una plancha muy caliente; el resultado seguirá siendo excelente.
El resultado es un plato lleno de matices: la potencia de la carne, el aroma del marinado, el dulzor de los pimientos y el toque crujiente de la sal en escamas. Una combinación que sorprende desde el primer bocado y que convierte una receta sencilla en una experiencia gastronómica memorable.
Marinar es una de las técnicas culinarias más antiguas que existen. Ya en el Antiguo Egipto se usaba para conservar los alimentos. Hoy la razón es otra: conseguir una carne con más sabor, más jugosa y más tierna. El principio, sin embargo, no ha cambiado demasiado.
La buena noticia es que marinar no requiere técnica especial ni ingredientes difíciles. Solo entender cuatro elementos clave y respetar un poco el tiempo.
▶ ¿Quieres ver cómo se hace paso a paso? Míralo en nuestro Instagram:
Los cuatro elementos de un buen marinado
1. La sal
La sal no es solo condimento: es la base de todo el proceso. Penetra en las fibras de la carne, las relaja y lleva el sabor hasta el centro, no solo por fuera. Aquí la diferencia entre una sal y otra sí importa. La sal Maldon®, con sus escamas® puras y de disolución limpia, trabaja de forma uniforme y sin amargor, integrándose en la carne en lugar de quedarse en la superficie.
2. El ácido
El ácido es el responsable de que la carne se ablande y se vuelva más tierna. Vinagre, zumo de limón, vino, incluso yogur: cualquiera funciona. Cada uno aporta un matiz diferente, y la elección depende del tipo de carne y del resultado que busques. El vinagre da un marinado más intenso y rústico; el limón, más fresco y aromático.
3. Las especias y aromas
Pimentón, comino, orégano, laurel, ajo, cebolla, jengibre… aquí no hay reglas. Esta es la parte creativa del marinado, donde puedes hacerlo tuyo. El ajo aporta profundidad y carácter. El pimentón, color y un toque ahumado. Por su parte, el comino y el orégano funcionan especialmente bien con carnes rojas. La clave es no sobrecargar: tres o cuatro elementos bien elegidos son más que suficientes.
4. El tiempo
El marinado necesita tiempo para hacer su trabajo. Se recomienda, como mínimo dos horas; lo ideal, toda la noche. Cuanto más tiempo, más profundo es el sabor y más tierna queda la carne. Eso sí, no conviene pasarse: un marinado demasiado largo con mucho ácido puede empezar a descomponer la textura de la carne en lugar de mejorarla.
Cómo preparar el marinado, paso a paso
Empieza mezclando las especias que hayas elegido. En nuestra versión usamos pimentón, comino, orégano y laurel, más ajo picado para un sabor más profundo. Añade la sal Maldon y el elemento ácido —en este caso vinagre— y un poco de agua hasta tener suficiente líquido para cubrir la carne.
Sumerge la carne, tapa el recipiente y llévalo a la nevera. Dos horas si tienes prisa. Toda la noche si quieres el resultado óptimo.
El truco final: seca la carne antes de cocinarla
Este paso lo cambia todo y poca gente lo hace. Antes de cocinar, retira las especias y seca la carne con papel de cocina. Si está húmeda, se cuece. Si está seca, se dora. Y esa costra dorada —la reacción de Maillard— es donde está todo el sabor.
Una vez seca, cocínala en una brasa o sartén muy caliente hasta el punto que más te guste. El marinado ya ha hecho su trabajo desde dentro; el calor hace el resto desde fuera.
Variaciones según el tipo de carne
El marinado se adapta a cualquier proteína, aunque los tiempos y las combinaciones cambian:
Pollo: 2-4 horas. Funciona muy bien con limón, ajo, orégano y pimentón dulce. El ácido lo penetra rápido porque las fibras son más delicadas.
Cerdo: 4-8 horas. Admite marinados más potentes: vinagre de Jerez, pimentón ahumado, comino, laurel. El resultado es especialmente bueno en brasa.
Ternera y buey: 8-12 horas o toda la noche. Necesita más tiempo para que el ácido llegue al fondo. Hierbas frescas como romero y tomillo son compañeros naturales.
Cordero: 6-12 horas. El yogur como ácido es una opción excelente para suavizar su sabor intenso. Con comino y cilantro queda extraordinario.
Cuatro elementos, infinitas posibilidades
El marinado es una de esas técnicas que, una vez que la entiendes, no vuelves a cocinar carne sin ella. No hace falta seguir una receta al pie de la letra: basta con respetar la estructura de sal, ácido, aromas y tiempo, y dejar que cada combinación cuente su propia historia.
Cuéntanos cómo lo preparas tú. Nos encontrarás en @salmaldon.oficial.
Este rape en salsa verde es un plato tradicional lleno de sabor, ideal para disfrutar con pan y una buena salsa casera. La combinación de pescado blanco, verduras frescas y un toque final de Sal Maldon® en escamas® realza todos los matices del guiso. Es una receta sencilla, pero con resultado de restaurante.
Preparación paso a paso rape con salsa:
Paso 1. Pela la cebolla y córtala en trozos pequeños. Pica los ajos finamente. Pela las patatas y cháscalas en trozos irregulares para que suelten almidón durante la cocción. Desgrana los guisantes si son frescos y pica el perejil.
Paso 2. Sazona el rape con sal. Enharínalo ligeramente y fríelo en una sartén con aceite de oliva caliente hasta que quede dorado por fuera. Retíralo y resérvalo para más adelante.
Paso 3. En la misma cazuela donde has frito el pescado, añade un poco más de aceite si es necesario y sofríe el ajo picado junto con la cebolla hasta que estén bien pochados y suaves.
Paso 4. Incorpora las patatas chascadas y rehógalas durante un par de minutos para que cojan sabor. Después, añade el caldo de pescado hasta cubrir los ingredientes y deja cocinar a fuego medio.
Paso 5. Cuando las patatas empiecen a estar tiernas, añade los guisantes y continúa la cocción hasta que todo esté bien integrado y en su punto.
Paso 6. Vuelve a incorporar el rape a la cazuela y cocina unos minutos más para que se mezclen los sabores sin que el pescado se pase de cocción.
Paso 7. Apaga el fuego y añade el perejil picado. Ajusta de sal al gusto, terminando con un toque de sal en escamas de Maldon para realzar el sabor justo antes de servir.
Consejos de cocina
Este guiso mejora si reposa unos minutos antes de servir.
No cocines demasiado el rape: puede quedar seco.
“Chascar” las patatas ayuda a espesar la salsa de forma natural.
Añadir la sal en escamas de Sal Maldon al final potencia el sabor sin sobre-salar el plato.
Las flores de chocolate fritas son una reinterpretación moderna de un dulce tradicional muy típico de la Semana Santa en España. Las clásicas flores fritas destacan por su textura ligera, crujiente y su forma delicada, pero en esta versión añadimos chocolate y un toque final de sal en escamas® para conseguir un contraste perfecto entre lo dulce y lo salado. El resultado es un postre vistoso, diferente y con un acabado muy gourmet.
Guía para flores de chocolate fritas
Paso 1: Preparar la masa. En un bol grande, añade la harina, la leche, los huevos y el aceite de oliva virgen extra. Incorpora también una pizca de sal en escamas. Mezcla todo con unas varillas hasta obtener una masa homogénea, lisa y sin grumos. La textura debe ser fluida pero ligeramente espesa, similar a una masa de crepes.
Paso 2: Calentar el aceite y el molde. Pon abundante aceite de girasol en un cazo o sartén profunda y caliéntalo a temperatura media-alta. Mientras tanto, introduce el molde metálico para flores dentro del aceite caliente durante unos segundos para que se caliente bien. Este paso es clave para que la masa se adhiera correctamente.
Paso 3: Formar y freír las flores. Sumerge el molde caliente en la masa, sin cubrirlo por completo. A continuación, introdúcelo de nuevo en el aceite caliente. La masa comenzará a freírse al instante, adquiriendo forma de flor. Deja que se dore ligeramente por ambos lados hasta que tenga un color dorado uniforme.
Paso 4: Escurrir y enfriar. Retira la flor del molde con cuidado y colócala sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Repite el proceso hasta terminar toda la masa y deja que se enfríen completamente antes de continuar.
Paso 5: Decorar con chocolate. Derrite el chocolate al baño maría o en microondas. Baña las flores parcial o totalmente según tu preferencia.
Paso 6: Toque final. Antes de que el chocolate se endurezca, añade escamas de Sal Maldon por encima. Este toque final aporta un contraste crujiente y eleva el sabor del postre.
Paso 7: Sirve y disfruta estas flores de chocolate fritas, un dulce tradicional reinventado con un acabado moderno y gourmet.
Si eres un amante del chocolate y de los sabores ricos y profundos, esta tarta de chocolate y tahini con crema de mantequilla de chocolate es para ti. Seamos sinceros: ¿cuántas veces has visto un blog que afirma tener la “mejor” receta de tarta de chocolate? Nosotros hemos probado muchas, y aunque deliciosas, ninguna lograba satisfacer completamente ese antojo intenso, decadente y chocolatoso que todos deseamos. Hasta que combinamos el tahini con chocolate y creamos esta tarta: húmeda, esponjosa y con una crema de mantequilla sedosa que hace que cada bocado sea una experiencia inolvidable. El tahini aporta un delicado sabor a frutos secos y una textura tipo fudge que transforma este pastel en algo realmente especial.
Cómo hacer el bizcocho de chocolate y tahini
Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa y forra 3 moldes de 20 cm con papel de hornear.
En un bol grande, tamiza la harina. Añade los azúcares, el cacao, la levadura, el bicarbonato y la sal Maldon. Mezcla y forma un hueco en el centro.
En otro bol, bate los huevos, suero de leche, tahini, aceite y extracto de vainilla.
Vierte la mezcla líquida sobre los ingredientes secos y bate suavemente hasta obtener una masa homogénea, cuidando de no sobrebatir.
Distribuye la masa entre los 3 moldes y hornea durante 30 minutos. Comprueba la cocción con un palillo: debe salir limpio.
Deja enfriar los bizcochos completamente sobre una rejilla antes de desmoldar.
Cómo hacer la crema de mantequilla de chocolate
Bate la mantequilla hasta que esté suave y cremosa.
Tamiza el azúcar glas y el cacao en polvo. Añade poco a poco a la mantequilla, batiendo bien después de cada adición.
Incorpora el chocolate negro derretido y la leche, batiendo hasta obtener una crema suave, sedosa y con un intenso sabor a chocolate.
Para montar la tarta, coloca un poco de crema sobre la base, coloca el primer bizcocho y cubre con crema. Repite con los siguientes bizcochos y usa la crema restante para alisar los lados y la parte superior.
Consejos de decoración y variaciones
Decora con flores comestibles o huevos de chocolate de colores según la ocasión. No olvides espolvorear unas escamas de sal Maldon sobre la tarta para realzar el sabor del chocolate y equilibrar la dulzura.
Si no tienes tahini a mano, puedes sustituirlo por mantequilla de almendras, de anacardo o incluso yogur griego. Cada opción aportará una textura cremosa y un sabor delicado que complementará el chocolate. Además, esta tarta se puede congelar hasta 3 meses. Envuélvela bien en film transparente y papel de aluminio, y descongélala lentamente en el refrigerador antes de servir.
El arroz de bacalao es un homenaje a los sabores del mar y la tierra, donde el bacalao se encuentra con la suavidad del arroz y el toque tostado de la coliflor. La Sal del Desierto de Kalahari seleccionada por Maldon® aporta un matiz mineral que realza los sabores sin enmascararlos, creando un plato equilibrado, intenso y lleno de personalidad. Perfecto para disfrutar durante la cuaresma o en cualquier ocasión especial, este arroz demuestra que lo tradicional puede ser moderno, complejo y delicioso.
Cómo cocinar paso a paso tu green waffle
Preparar los ingredientes. Pela y corta la cebolla en cubos pequeños y los dientes de ajo finamente. Separa la coliflor en floretes pequeños y resérvalos. Ten a mano el bacalao desalado, desmigado en trozos medianos.
Pochar la cebolla. En una sartén grande, calienta el AOVE a fuego medio. Añade la cebolla y cocina hasta que esté transparente y suave, removiendo ocasionalmente para que no se queme. Este paso es clave para desarrollar la base de sabor del arroz.
Cocer el arroz. Incorpora el arroz a la sartén con la cebolla y remueve durante un par de minutos, permitiendo que los granos se impregnen del aceite y la cebolla pochada.
Añadir ajo y pimentón. Agrega el ajo picado y la cucharadita de pimentón dulce. Remueve rápidamente para que el pimentón no se queme y suelte todo su aroma.
Incorporar el caldo y la coliflor. Vierte el caldo de pescado caliente sobre el arroz y añade los floretes de coliflor. Remueve suavemente y deja que el arroz absorba el líquido a fuego medio, cocinando durante unos 15 minutos aproximadamente.
Añadir el bacalao y la sal. Cuando el arroz esté casi en su punto, incorpora el bacalao desmigado y ajusta con la Sal del Desierto de Kalahari al gusto. Cocina 2-3 minutos más para que el bacalao se caliente y se mezclen los sabores.
Servir y decorar. Sirve el arroz en platos hondos y termina con unas hojas de orégano fresco. Este toque verde aporta aroma y frescura al plato.
Consejos para un arroz de bacalao perfecto
Para un sabor aún más profundo, puedes tostar ligeramente la coliflor antes de añadirla al arroz.
No remuevas el arroz constantemente; deja que absorba el caldo de manera uniforme para lograr la textura perfecta.
Ajusta la cantidad de sal según el punto de sal del bacalao que uses; la Sal del Desierto de Kalahari realza sin dominar el sabor.
Con este arroz de bacalao, cada cucharada es un viaje entre tradición, textura y sabor intenso. Un plato sencillo en apariencia, pero lleno de carácter y alma que demuestra que lo tradicional nunca tiene que ser plano.